ARTÍCULOS DE INTERÉS
Lic. Germán Diorio > El Psicólogo del Club > Artículos

PROCESO DE MADURACION

Psicología es la ciencia más inexacta de todas. Siempre digo que las cuentas nunca dan igual, sencillamente, porque todos somos diferentes.
Todos somos diferentes, si, pero en el proceso de formación, los educadores muchas veces suelen pasarse de rosca en eso de “uniformar”. Y en el deporte esto se potencia a veces hasta límites difíciles de aceptar, ya que se puede ver a las claras que el entrenador está buscando respuestas idénticas en chicos que, indudablemente están pasando por situaciones o procesos madurativos muy diferentes.

Dice Luis Scola en el prólogo de “El Psicólogo del Club” que “un jugador es la mezcla de tres cosas: físico, talento y cabeza. De acuerdo a cuanto de cada uno de los elementos tenga es el tipo de jugador que nos encontramos”.

La mezcla de tres cosas: físico, talento y cabeza… Y aquí el primer punto importante en eso de “la formación”. ¿De qué manera se trabaja “la cabeza” en las divisiones menores? Los semilleros de algunos clubes en Argentina suelen tener psicólogos/as en sus pensiones o departamentos médicos, pero lo cierto es que su función suele reducirse a la contención o a ejercer una especie de soporte de la tutoría que se le da a los jóvenes jugadores, ya que son pocos los que participan junto al cuerpo técnico de la responsabilidad de formar a sus pichones de Cracks.

El factor preventivo (enseñarles a manejar sus emociones o sus niveles de concentración o motivación, por ejemplo) no suele ser materia importante y mucho menos obligatoria en las canteras, por lo que el psicólogo suele estar a la espera de que le caiga un jugador angustiado o haya que trabajar sobre algún problema puntual. Y lo cierto es que eso, humildemente, es entre otras cosas, desaprovechar la riqueza que puede dar el trabajo interdisciplinario.
La formación que reciben en psicología la mayoría de los profesores y entrenadores no suele ser muy profunda, y en algunos casos hasta es desactualizada, lo que provoca que en cierta forma muchos formadores no tengan un ojo puesto en las diferencias que se producen entre jugadores de la misma edad o categoría, producto de los diferentes procesos madurativos que puedan estar viviendo. Vemos chicos o chicas con un rendimiento físico o aptitudes deportivas similares y pensamos que, por eso, podemos exigirles que rindan o se pongan en la misma sintonía. O lo que es peor, muchas veces se los trata con la misma rudeza o nivel de exigencia que a un profesional, perdiendo de vista que, por una cuestión de edad y nivel madurativo, no están en condiciones de asimilar semejante nivel de exigencia.

No se mira la edad ni el momento evolutivo personal, si físicamente esta bien y tiene talento solo se le pide que rinda, y son realmente pocos se detienen en la paciencia que hay que tenerle a un chico que esta buscando su identidad y por ende no tiene el equilibrio emocional ideal. Se equivocan los profesores o entrenadores, y también los padres, que desde la tribuna pretenden que el nene o la nena jueguen siempre bien.

En un artículo anterior (“Dejalo que se equivoque”) decía que “el deporte formativo es uno de los eslabones más débiles en la cadena, y que en muchos deportes, las inferiores suelen ser para los DT, una estación de paso hacia las categorías superiores, motivo por el cual, muchas veces nos encontramos con entrenadores muy jóvenes y a veces carentes de formación para enfrentar determinado tipo de grupos o situaciones, o bien DTs que no tienen real vocación para trabajar con chicos o jóvenes”. Y esa, precisamente, es la primera razón por la cual muchos chicos y chicas ven como se trunca de mala manera su proceso formativo o sus sueños de lograr grandes cosas.

Decía también en ese post que “muchos Entrenadores ponen el foco de su aprendizaje en saber de su deporte, y en realidad, sobre todo en esas etapas, aprender a manejar personas es tan o mas importante”. Y si se trata de personitas, mucho más aún.

Respetar los tiempos de maduración es clave para que los chicos no estén sometidos a presiones o exigencias que, tal vez no estén en condiciones de soportar en determinado momento, ya que eso puede traer consigo una merma en el nivel de tolerancia a la frustración en el chico, que luego termina convirtiéndose en el típico jugador que ante el primer error se fastidia y se va del partido, por citar la mas leve de las consecuencias que vienen de la mano de esto.

Respetar los tiempos de maduración. “físico, talento y cabeza”, decía Scola. ¿Y si invertimos más en conocer y aprender a seguir y respetar los procesos madurativos?

Volver Al Sitio