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PECHO FRIO

Pecho Frío: “Dícese de aquel jugador que en los momentos calientes rinde muy por debajo de sus posibilidades”. Traducido al ácido código tribunero, podríamos agregar “dícese de aquel jugador que se esconde en las difíciles”.

La esencia pasional de la actividad deportiva suele ir de la mano de sentencias y definiciones cargadas de extremismo, que llevan a hinchas y protagonistas a lanzar sin filtro ni medidas frases tan lapidarias como hirientes ante situaciones que, en más de una ocasión, seguramente tienen una lectura más profunda.

Es cierto que hay jugadores más viscerales que se entonan cuando la parada es brava, que se motivan y se ponen especialmente en foco en los momentos calientes o decisivos. Y así como están esos a los que no les tiembla el pulso, también solemos ver otros que parecen cohibirse, esconderse, dudar o rendir menos cuando las pulsaciones y la adrenalina dominan la escena. Es, para el común de la gente y traducido en términos sencillos, una predisposición natural (temperamento, personalidad) que unos traen de fábrica y otros no.

El entrenador / formador suele recibir jugadores con temperamento o personalidad, y como no todos tienen las herramientas o conocimientos necesarios, son pocos los que logran producir cambios en ese rubro. Es lógico, el DT está para enseñar a jugar, y no necesariamente debe tener capacidad para producir cambios en la personalidad del jugador.

A esta altura ya te estarás preguntando: ¿Qué es eso de producir cambios en la personalidad? ¿no era una predisposición natural? Si, es una predisposición natural, pero también se puede trabajar para calentar a un jugador frio o para enfriar a un jugador excesivamente caliente. Todo pasa por la mentalización. Ejemplos hay y de sobra. Jugadores con temperamento, capacidad y personalidad que en el momento difícil toman una decisión equivocada. El cabezazo de Zidane a Materazzi es un ejemplo clarísimo. ¿O alguien puede pensar que a Zizou se le enfrió el pecho? No señor… En términos más científicos que futboleros, a Zidane lo desbordó la presión del momento (estaba jugando una final del mundo y al mismo tiempo su último partido en un Mundial, entre otras cosas), y como ser humano que es, un desborde emocional lo llevó a tener una reacción impropia de él.

Jugadores que la rompen en todo el campeonato, pero bajan considerablemente su rendimiento en las finales, y esto no tiene que ver específicamente con poner la patita o evitar el roce.

Jugadores que vienen jugando en gran nivel, tienen un partido para el olvido el día que los vino a ver un agente o representante listo para sellar una gran transferencia, o el entrenador de la Selección Nacional que venía siguiendo sus actuaciones.

Equipos que planean estrategias y fallan justo en la última puntada… Ejemplos, ejemplos y más ejemplos. En todos los casos, podría pasarme horas poniendo casos puntuales de cada uno de ellos. Pero te dejo que hagas vos tu propio ejercicio buscándolos en tu vida deportiva o en historia pasada o reciente. En todos los casos, hay solución. La presión que genera un acontecimiento importante se puede manejar. Lo hacemos a diario con muchísimas situaciones de la vida sin darnos cuenta, y también podemos hacerlo en nuestra vida deportiva. El mensaje que baja desde la Cabeza del Grupo (entrenadores, dirigentes) es clave, porque a partir de allí empieza a hacer funcionar su maquinaria el “inconsciente colectivo”, pero también se puede trabajar individualmente para hacer que esos momentos no sean una carga pesada que nos lleve a sentir malestares físicos o psíquicos que nos lleven el desborde emocional, a perder la claridad conceptual, o a que se nos vaya la pierna o se nos encoja el brazo a la hora de hacer un tiro decisivo.

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