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Lic. Germán Diorio > El Psicólogo del Club > Artículos

“PASALA MORFON”

Hay jugadores que dan la sensación de estar jugando solo para si mismos y no para el Equipo, y esa actitud egoísta, contrariamente a lo que seguramente ellos esperan, los suele volver marcadamente inefectivos.
Se suele decir que los goleadores, en todos los deportes, suelen tener en su gen deportivo el egoísmo, y que ese ingrediente suele ser de gran ayuda para potenciar sus capacidades. Pero en los últimos tiempos es cada vez más común ver jugadores tomando decisiones egoístas en extremo, que muchas veces atentan contra el funcionamiento del Equipo.

El egoísmo o afán de protagonismo desmedido atenta directamente contra las posibilidades de conseguir la anhelada Química Grupal, pero en lo individual, atenta también contra las posibilidades del jugador de tener buena lectura de juego, ya que si en mi interior está muy arraigado el “Jugátela vos”, inconscientemente voy a tomar la decisión de jugármela como primera opción, sin medir si eso es lo más conveniente o si es preferible dar un pase o iniciar una jugada o movimiento hacia otro lado que favorezcan más al equipo.

Algunos jugadores maquillan ese egoísmo con los pases gol, pero no deja de ser una cubierta engañosa, y es tal vez donde más se ve esa falta de capacidad de lectura, ya que en este caso la búsqueda de la asistencia o el pase lujoso como opción excluyente le quita al jugador visión global y eso lo lleva a solo contar con dos opciones: su gol, o el pase gol, dejando afuera innumerable cantidad de variantes.

Entre los grandes, un entrenador con conceptos claros y liderazgo fuerte puede ayudar a maquillar o encajar al jugador en el funcionamiento del Equipo. Pero evidentemente, el problema es de formación, y ese gen egoísta se origina en el camino que el deportista recorre hasta llegar a primera, de ahí que sea tan importante trabajar sobre la actitud deportiva de los chicos.
Las señales y ejemplos que el DT da en el manejo del Equipo son claves, pero también lo es el mensaje que mandan el entorno y la familia del novel deportista, que muchas veces, aún de muy chiquito es estimulado por el mencionado “Jugátela vos” y en algunos casos hasta recibe premios por goles, puntos o por determinada participación estadística que, lejos de fomentar el amor por el juego colectivo, potencia y exacerba el virus del egoísmo.

¿Entonces? Entonces, cuidemos el mensaje que se baja a los más chicos. Deporte es juego, diversión, y si es colectivo, el espíritu de equipo debería estar por encima de los logros individuales, y ese mensaje debería venir en estereo, tanto desde el club (entrenador) como desde la casa, para ayudar a que la pulsión egoísta no termine atentando contra las posibilidades de formar un jugador íntegro e inteligente, capaz de tomar buenas decisiones en la cancha en lugar de uno cuya orientación sea hacer una jugada de lucimiento personal.

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