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LA IMPRONTA DEL LIDER

Ser Líder no es fácil, al punto que no cualquiera tiene condiciones para serlo. Hay personas que ejercen el Liderazgo con naturalidad, y sin proponérselo, arrastran a la gente detrás de sus ideas o deseos; así como también hay otras que nunca aprenden a llevar adelante un grupo.
Hay Líderes Naturales y personas que por imperio de las circunstancias deben aprender a liderar porque el cargo o la situación los lleva a tener que asumir ese rol. Y en este segundo grupo están, a veces, los Entrenadores.

El Entrenador es el primer líder de un equipo. Es el que traza el Plan de Trabajo y tiene la responsabilidad de llevar el barco a buen puerto, es quien marca las pautas, pone límites y hasta reparte premios o reconocimientos. Las miradas, por todo esto, siempre apuntan primero hacia su figura, y esa exposición suele ser el primer punto de desequilibrio que provoca que no todos los DT puedan desarrollar cómodamente la tarea principal para la que fueron contratados: entrenar.

Hay quienes disfrutan sanamente estando en el centro de la escena y de ejercer el poder que conlleva su labor. Pero hay otros que sufren con la carga que representa estar permanentemente “en la mira” y suelen perder la brújula, tanto desde lo intelectual (cometiendo errores impensados para ellos), como desde lo emocional (incurriendo en conductas o exabruptos hasta impropios para su persona o su función).

Como expresaba en el arranque, “ser líder no es fácil” y lo peor es que no siempre tenemos alguien que nos marque el camino o nos enseñe a liderar correctamente, cuando esa cualidad no viene de fábrica. En la Escuela de Técnicos o el Profesorado nos preparan en táctica y estrategia, nos dan nociones o información sobre medicina, preparación física y hasta psicología tal vez, pero nadie nos enseña el “ABC del liderazgo”.

Es más fácil formar grupos exitosos (teniendo en claro que el concepto de éxito no se reduce exclusivamente a “ganar campeonatos”) cuando el Entrenador…
… Sabe escuchar. Una buena escucha proporciona información acerca de los problemas o inquietudes que tienen los integrantes de nuestro plantel y, al mismo tiempo, abre el camino de la contención de parte del jugador, que al sentirse contenido incrementa su compromiso para con el entrenador.
… Conoce a los integrantes de su Equipo. Saber quién es, de donde viene, cuáles son sus expectativas y deseos, nos permite comprender y tener capacidad de anticipación ante nuestros dirigidos.
… Logra Comunicarse Efectivamente para Motivar a sus Jugadores. Solo escuchando podemos conocer y solo conociendo podemos llegar a saber qué resortes tocar a la hora de buscar una reacción en un plantel, especialmente en los momentos críticos (marcador abajo, racha negativa, etc.).
… Deja sus problemas o malestares en la puerta del gimnasio, cancha o vestuario. La gran mayoría de los DT pregonan que “se juega como se entrena”, pero muchas veces, a la hora de entrenar, les cuesta sobremanera dejar de lado su vida personal, por lo que la práctica depende de su estado de ánimo, y un entrenador “enculado” difícilmente pueda dar un buen entrenamiento, ¿no?
… Demuestra confianza a sus dirigidos… La confianza inspira confianza. Si yo confío en el jugador y no lo censuro cuando intenta, voy a estimular su crecimiento.
… Hace gala de su equilibrio emocional. No es fácil estar en el banco de suplentes durante un partido, es cierto. Las pulsaciones están por las nubes y a veces la cabeza no responde todo lo bien que quisiéramos producto de ello, lo que suele dar lugar a desbordes emocionales que terminan en faltas técnicas, expulsiones o incluso maltrato a nuestros jugadores. Obviamente, ningún desborde es terminal, porque se puede reparar o aprender de lo sucedido, pero el ejemplo es clave, y el líder debe ser el primer ejemplo a seguir para un grupo. ¿Con qué autoridad le podemos pedir a un jugador que no se exponga a sanciones disciplinarias o que trate con respeto o buena onda a sus compañeros si nosotros no somos los primeros en hacerlo?

Un DT en foco, concentrado y cien por ciento metido en su trabajo inspira respeto y compromiso, y con esas herramientas es mucho más sencillo llevar el barco a buen puerto.

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