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LA FABRICA DE CRACKS

¿Se puede fabricar un crack? Lindo debate, ¿no? Para aquellos que asocian crack con talento descomunal, la respuesta, obviamente, es “no”. El talento “maradoniano” no se fabrica, la magia de Aymar no viene en la funda del stick, del mismo modo que tampoco se compra en las casas de deporte o las farmacias el revés de Sabatini o la zurda de Messi. Esa predisposición natural que llamamos talento vienen de fábrica. Pero…

Scola no tiene entre sus logros un gol como el de Diego contra los ingleses; pero a la hora de los calificativos no baja del “fenómeno”. Ginóbili tampoco llego a donde llegó por su magia, precisamente; igual que Carlos Tevez, Daniel Passarella, Guillermo Vilas, Hugo Conte y tantos otros.

¿Cuáles son las cualidades que han convertido en grandes a los deportistas de esa lista? Un talento natural (no necesariamente tan mágico como el de Maradona o Aymar), ganas de ser y crecer, amor y compromiso para con la actividad y mucho, mucho trabajo.

Un buen “detector de talentos” ahorra trabajo de selección, porque sabiendo de antemano que Juancito tiene condiciones, hay muchas chances de que la inversión de tiempo en el trabajo de formación de sus frutos. Pero lamentablemente, los buenos detectores de talentos no abundan, a lo que hay que sumarle que no siempre ese talento se detecta en la primera ojeada. Casos como el de Passarella o Bochini, que fueron descartados en su primera prueba hay miles, ¿no?

Apostar todas las cartas a los detectores de talento o reclutadores es achicar mucho el espectro de posibilidades, ya que no siempre las apuestas como la que hizo Barcelona con un Messi de 12 años llegan a buen puerto.

No todos los jugadores se desarrollan plenamente a la misma edad, sencillamente porque venimos de hogares, condiciones de vida y estructuras de formación diferentes. Entonces, unos tienen una explosión temprana, otros lo hacen más tarde, algunos se estimulan con esa explosión temprana y crecen y otros tienen constancia y siguen mirando hacia su meta personal independientemente de lo que pueda depararles el presente en la etapa formativa. Hay chicos que son “de selección” a los 13 o 14 y luego su desarrollo o crecimiento se estanca, así como también hay jugadores que recién dan el salto de calidad a partir de los 18 o 20 años, incluso más grandes.

¿Hay una receta? Sí, claro que la hay. Ya que así como hay grandes canteras naturales de jugadores (Argentina y Brasil son y serán generadores de talento futbolístico, y Estados Unidos no se cansa de exportar basquetbolistas, por ejemplo), el deporte mundial sabe y se ha nutrido siempre de las “grandes escuelas deportivas” (los nadadores, gimnastas y atletas de Europa del este o de Estados Unidos) o la Escuela sueca de tenistas (Borg, Edberg, Wilander y tantos otros que vinieron detrás), por citar solo algunos ejemplos.

Entonces, ¿se puede fabricar un crack? Sí, claro que sí. Solo hay que formar, técnica, táctica, física y humanamente al deportista, transmitiéndole valores para enriquecerlo en todos sus aspectos.

Los grandes enemigos de las “Fabricas de Cracks”, de los verdaderos formadores de deportistas, son la falta de infraestructura y tiempo (que le quita a los chicos tiempo de trabajo y entrenamiento), la desesperante y generalmente innecesaria búsqueda de resultados en la que caen muchos entrenadores (que los lleva a privilegiar la enseñanza de sistemas tácticos por sobre los fundamentos técnicos) y la despersonalización en la que se cae por esa falta de tiempo (que hace que los grupos deportivos de chicos a veces parezcan profesionales que llegan, entrenan una hora y se van a sus casas como si fuera un trabajo en lugar de un momento de socialización, diversión y aprendizaje).

Formar un deportista implica tiempo, metodología y pasión. Así funcionan las “Escuelas” que han formado Cracks en distintas partes del mundo. En Argentina, lamentablemente, abusamos del talento natural, y no siempre nos va todo lo bien que nos podría ir...

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