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Lic. Germán Diorio > El Psicólogo del Club > Artículos

¿ESTOY PREPARADO?

Hay un viejo refrán que dice: “más vale prevenir que curar”, y hace algún tiempo publiqué una nota hablando de “El Valor de la Prevención”. Prevenir… Prepararse… Todo un tema.

A veces pensamos que estamos preparados o listos para encarar una tarea o un nuevo desafío, y tiempo después la realidad nos golpea mostrándonos que no.
Así, vemos al entrenador que viene de salir campeón, cambiar de club y no alcanzar los objetivos para los que fue contratado y por los que él mismo decidió cambiar de camiseta. O al jugador que viene de romperla en un equipo, pasar sin pena ni gloria en otro. Los casos más notorios son, obviamente, aquellos que tienen mayor exposición mediática, y se dan generalmente, cuando el paso es de un club chico a uno grande. Ese anhelado salto hacia un trabajo o desafío de mayor nivel, exposición, responsabilidad, remuneración, etc., viene acompañado de un sinfín de ilusiones y expectativas que potencian la energía y las ganas de hacer, adaptarse y conseguir cosas; pero también trae consigo una importantísima carga de estrés y ansiedad que, en la mayoría de los casos, se convierten en el principal enemigo que tenemos que enfrentar en nuestro camino al éxito.

¿Hay técnicos de equipo chico y técnicos de equipo grande? No. Pero si hay técnicos que se mueven mejor en clubes de poca exposición y otros que están como pez en el agua en medio del mar de micrófonos y presiones. En Psicología, no hay verdades absolutas. Y las predicciones, presunciones y pronósticos suelen chocar más de una vez con la cruda realidad. Lo que fue bueno en un lugar o en un momento, deja de serlo inexplicablemente sin razón aparente. ¿Razones? Ufff, muchas…

La exposición y presiones extremas aparecen en los primeros puestos de la lista. El primer condicionante negativo que traen consigo la presión y la exposición en exceso es la reducción en nuestra habitual capacidad de foco o adaptación. Esa exposición (con hinchas, dirigentes o periodistas), que antes no estaba en nuestra rutina, nos quita tiempo (a veces mucho) y ese tiempo que utilizábamos para reflexionar, pensar o descansar, se nos va en actividades o tareas que no siempre son de utilidad para nuestra labor profesional, lo que trae aparejado respuestas (al grupo, a dirigentes o en una conferencia de prensa) y decisiones apresuradas que luego terminamos lamentando.

Estar preparado no siempre tiene que ver con nuestra capacidad profesional o nuestro nivel de maduración.

Un jugador puede romperla en un ámbito específico y no hallarse a gusto y por ende bajar considerablemente su rendimiento en otro. O puede rendir a pleno en un lugar, y tiempo después estar perdido y lucir fuera de forma en el mismo lugar en el que se lo vio brillar. Las cosas cambian, la vida es una autopista que solemos transitar siempre a máxima velocidad y eso nos lleva a tomar atajos que no siempre nos llevan al destino deseado. Decidimos cambiar o volver pensando que nos va a ir bien porque estamos listos o porque ya lo estuvimos otra vez, y perdemos de vista que vamos a un lugar diferente y eso trae consigo la necesidad de adaptarnos; o que somos diferentes a como éramos en nuestro paso anterior por el club, que también vive momentos distintos a los de antaño.
Prepararse… Prevenir…

Invertir tiempo en estudiar el terreno, analizar convenientemente las variables que tendremos que enfrentar y prepararnos para “la batalla”, son muchas veces las claves en las que se sustenta nuestra posibilidad de éxito; incluso, aunque suene feo, por encima de nuestra capacidad profesional.

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