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CURSO ACELERADO DE LIDERAZGO

Líder se nace, pero también… Se hace.
Si, se puede aprender a liderar, sino basta mirar la realidad en la que se mueve hoy en día el mundo de los recursos humanos, en el que se ve cada vez más empresas invirtiendo para capacitar a su personal enseñando el arte de liderar.
Hay líderes naturales, esos que con solo plantarse provocan que el grupo los siga; pero también hay otros que, por imperio del rol que se les haya asignado, deben aprender a asumir la función de tal. El entrenador es el primer líder del equipo, y es el encargado de asignar esos roles o funciones, que a veces recaen sobre pibes como Facundo Campazzo, el base de Peñarol de Mar del Plata, quien con apenas 21 años ya ostenta dos títulos y está jugando su tercera final en la Liga Nacional de Basquetbol.
En el país de la Generación Dorada, el país basquetbolístico lo pide a gritos en el equipo que viajará a Londres, y Campazzo parece decidido a contestar con buenas actuaciones en medio del curso acelerado que le tocó hacer esta temporada.
Hay que estar en los zapatos de un pibe que, de repente, se vio obligado a calzarse la pilcha de conductor titular del mejor equipo del país, en medio de las voces que se alzaban a favor y en contra de darle la posta. A esa edad, y con sus características (revulsivo, temperamental) tal vez era más fácil apostar por que iba a chocar la Ferrari, antes de por que fuera a llevarla a la meta sana y salva, ¿no? Pero no es un dato menor saber quienes iban a acompañarlo en tamaña tarea, y allí, entre otras cosas, hay que empezar a buscar las razones de este presente.
Formado a la sombra de un ídolo local como “Tato” Rodríguez, bajo el ala del “dorado” “Leo” Gutiérrez y dirigido por un conductor de la talla de Sergio Hernández; la lógica invita a pensar que el pibe contó y cuenta con el apoyo necesario para salir airoso en el desafío, y los resultados parecen avalar esta hipótesis.
El entorno siempre es importante para que un jugador pueda desarrollarse. Pero así como Campazzo parece estar respondiendo positivamente nutriéndose de los conocimientos y experiencias de sus líderes, el deporte está lleno de pibes y no tan pibes con condiciones y entornos favorables que no llegaron a la meta, lo que invita a valorar aún más este momento del base de Peñarol.
El desarrollo de las estructuras de liderazgo es una de las claves en las que se sustentan los equipos exitosos, y si algo parece estar muy claro en Peñarol es precisamente la estructura de liderazgos. El DT es el primer líder y punto de referencia, y “Leo” se lleva las palmas en eso de asumir responsabilidades y sacar la cara en los momentos difíciles. Campazzo, con sus frescos 21 años, es ni más ni menos que el base y líder de juego del equipo, con todo lo que ello implica en materia de la cantidad de decisiones que debe tomar el pibe a lo largo de cada partido. Y a su edad, en un equipo que siempre está jugando finales y partidos decisivos, equivocarse es una de las materias más importantes que debe cursar.
“De los errores se aprende”, reza el refrán, y un líder que tenga la capacidad de aprender y hacer autocrítica sin dejarse llevar por el malestar o la bronca que suelen venir con el error vale oro.
Jugar finales es algo así como un master en esto de aprender a manejar situaciones de presión, y con las pulsaciones por las nubes solemos estar muy propensos al error.
Campazzo jugó un partido inolvidable en el tercer encuentro de la gran final, pero un error en una de las últimas pelotas lo puso por unos segundos en el ojo de la tormenta. “Pensaaaaa”, le gritó Leo Gutiérrez, y acto seguido Hernández le dio una mini charla aparte antes de entrar a dar consideraciones generales en un tiempo muerto, antes las cámaras de televisión y en un estadio poblado por más de 7.000 espectadores. La pregunta del millón era: “¿se pincha luego del error cometido y el tirón de orejas?”. Y no era para menos. Pero la respuesta la dio el propio Campazzo segundos después, con un robo y una corrida que puso a su equipo al frente.
Hoy le toca, en cierta forma, llevar las riendas deportivas; cantar la jugada, tener la pelota en la mano más que sus compañeros y tomar decisiones en cantidad, al frente de uno de los mejores equipos de la historia de la Liga Nacional. Y no es poco, por cierto. Pero algún día, dentro de unos años tal vez, le tocará pasar del rol de líder de juego al de líder espiritual y a convertirse quizá en la máxima referencia del plantel.
Y en esa carrera, después de esos intensos minutos con errores, retos y aciertos, podríamos apostar que Facundo dio muestras de estar cerca de aprobar ese “Curso Acelerado de Liderazgo”, o al menos su materia más importante, que no es otra que dejarse liderar. Es que en estos tiempos, sobrecargados de profesionales, amateurs y chicos/as en formación, fastidiosos y con aire de sabelotodos, que se enojan cuando los sacan o les intentan corregir un error, ese “dejarse liderar” y acatar la autoridad con buena actitud es, tal vez, el mayor atributo de este pichón de crack. Enhorabuena…

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