ARTÍCULOS DE INTERÉS
Lic. Germán Diorio > El Psicólogo del Club > Artículos

ARMANDO EL GRUPO

El comienzo de una nueva temporada genera expectativas y stress casi en partes iguales. Se viene un campeonato nuevo, hay que hacer retoques o en algunos casos rearmar casi por completo el plantel y eso apareja un trabajo extra que termina siendo demoledor para el entrenador.

Entre los profesionales, depende el deporte y el esquema de competencia, la mira estará puesta en las altas y las bajas, y fundamentalmente en las contrataciones para reforzar los puestos más débiles del plantel; tarea en la que además del DT suelen intervenir, según el caso, el manager y algunos dirigentes, y de la que dependerá en gran parte el futuro del equipo.

Pero si este es un trabajo arduo, el que tiene por delante el entrenador de divisiones inferiores o formativas no le va en zaga. Es una labor no tan vistosa, porque no gana centimetraje en los medios periodísticos, y que el DT suele encarar sin recursos, ya que en el amateurismo no hay dinero para comprar figuras ni nada por el estilo. Entonces el trabajo es mucho más cuesta arriba, porque generalmente hay que ir rearmando los equipos con lo que queda de una categoría y los jugadores que pasan de la otra, armando rompecabezas en los que a veces se encuentran con un equipo poderoso y otro totalmente diezmado, ante lo cual no queda otra que arremangarse y laburar.

El punto aquí es que, una vez cerrado el plantel, cuando se llega al “esto es lo que hay” (sea bueno o no tanto), hay diferentes caminos para tratar de empezar a armar el nuevo equipo. Hay entrenadores que arrancan directamente con el trabajo de fundamentos para ir nutriendo y al mismo tiempo conociendo a sus jugadores; otros que prefieren evaluar las condiciones técnico – tácticas del plantel para armar una planificación para toda la temporada; y otros que optan por seguir adelante con el programa de trabajo de todos los años, porque eso es lo que le ha dado resultados hasta el momento.

En medio de la vorágine del arranque, muchos entrenadores dejan sin querer de lado el costado humano del grupo. Generalmente, hay poco tiempo porque el campeonato se viene encima y queda mucho por trabajar desde lo técnico – táctico, lo que provoca que no se invierta tiempo en realizar actividades que permitan ir cohesionando al grupo. En el arranque, muchas veces un asado (si no se puede hamburguesas, o lo que sea, claro, el tema es juntarse), una salida o un par de actividades especiales programadas por el cuerpo técnico, suman más que unas cuantas horas de entrenamiento.

El conocimiento permite que se vayan superando las barreras de los prejuicios, que nazcan las afinidades y que a partir de las pequeñas sociedades, se vaya conformando un solo grupo, y esto hace mucho más fácil la bajada de línea, porque fortalece el compromiso del grupo en pos de los objetivos trazados. Un gran grupo siempre es más fuerte que un cumulo de exquisitas individualidades, ¿no? Ejemplos sobran en el deporte mundial. La armonía y cohesión potencian virtudes y achican defectos, porque la solidaridad contribuye enormemente a que uno se mate por ayudar al compañero en problemas, dentro o fuera de la cancha.

Volver Al Sitio